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La Unión Europea se lanza contra las grandes empresas tecnológicas

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  • De las 50 empresas tecnológicas mundiales sólo cuatro son de la UE: tenemos un problema.

Bruselas, Bélgica. 5 enero, 2018. Para algunos medios, la Unión Europea tiene fijación con las empresas tecnológicas americanas y Silicon Valley está en su punto de mira. Las multas en materia de competencia, la regulación en materia de impuestos o la entrada en vigor del nuevo reglamento de protección de datos son algunos de los puntos de controversia de esta relación.

La comisionada de la competencia de la Unión Europea, Margrethe Vestager, lanzó un duro ataque a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses por socavar la democracia y de moverse por la codicia. La ofensiva de la UE contra las empresas tecnológicas ha generado fuertes críticas de parlamentarios estadounidenses y de los mismos afectados.

El portavoz de la Comisión Europea, Christian Wigand, niega la persecución y defiende que las leyes europeas, como la GDPR (General Data Protection Regulation – la ley europea de protección de datos que entra en vigor en mayo de 2018), que se aplican a cualquier operador establecido en la UE “independientemente de la “nacionalidad” de la empresa”. E insiste, “las reglas tendrán que ser cumplidas y aplicadas por todos los operadores”.

Oficialmente las compañías tecnológicas muestran su respeto a las decisiones europeas. Por ejemplo, desde Google España aseguran que “son los políticos quienes tienen en su poder la capacidad de modificar las leyes y adaptarlas a las necesidades que consideren convenientes y Google siempre acatará la ley, igual que lo hace ahora”.

Pero otros organismos y asociaciones advierten de las consecuencias que estas regulaciones podrían conllevar, tanto para las empresas como para Europa.

¿Está realmente obsesionada la Unión Europea con las compañías tecnológicas? ¿O estamos solo ante un ciclo, como el que se vivió hace años cuando Microsoft protagonizaba algunas de las mayores multas impuestas por Europa?

Para Christian Wigand, portavoz de la Comisión Europea, la GDPR no es un freno para la innovación, si que todo lo contrario.

Multas: suma y sigue

Medios tan prestigiosos como Fortune aseguran que existe el aprensión de que la multa que impuso la CE (Comisión Europea) a Google sea la punta de lanza de otros juicios y castigos a las firmas tecnológicas estadounidenses. Es más, el miedo es que puedan entrometerse en su toma de decisiones en nombre de la equidad, la privacidad, o seguridad. Algo que podría perjudicar sus ingresos.

La investigación del año pasado a Apple en materia de impuestos por su filial en Irlanda o a Amazon, o las recientes decisiones de las autoridades francesas de detener a los administradores de Uber son otros ejemplos de este enfrentamiento entre las dos partes.

Tampoco se pasa por alto la multa que se impuso a Facebook después de que comprara Whatsapp y la prohibición de que se compartan datos en el Viejo Continente también son otros ejemplos.

¿Es la GDPR un freno para el negocio de las tecnológicas?

Hablando de compartir datos, en mayo de 2018 entrará en vigor el nuevo reglamento sobre protección de datos de la Unión Europea (GDPR). Aunque afecta a todas las empresas, independientemente de su tamaño y sector de actividad, se piensa que el sector tecnológico pueda ser el más afectado.

Aunque el Reglamento General de Protección de Datos está destinado a otorgar a los ciudadanos de la UE más control sobre sus datos, su estricta aplicación y las importantes multas que conlleva estarían causando fricciones en los Directorios de las tecnológicas estadounidenses. Su incumplimiento podría conllevar sanciones de hasta el 4% de los ingresos mundiales de una empresa y algunos entienden que puede ser una barrera para el crecimiento futuro: para empresas como Facebook y Google, podría suponer un impedimento a la hora de tratar los datos de los usuarios con los que sustentan sus negocios publicitarios.

De hecho, y según el Financial Times, las empresas tecnológicas ya están contabilizando el costo de adaptarse a las normas de la UE sobre protección de datos. Una encuesta realizada por este periódico señala que el sector está luchando por contratar personal nuevo y rediseñar productos para cumplir esta normativa.

¿Puede suponer un freno esta regulación para la innovación? “¡Todo lo contrario! Europa está a la vanguardia”, asegura el portavoz de la Comisión, Christian Wigand. “Un marco de protección de datos más sólido, simple y claro alentará a las empresas a obtener lo máximo del mercado único digital, fomentando el crecimiento económico, la innovación y el trabajo”.

El denominado “privacy by design” (protección de datos por diseño y por defecto) también puede, según Wigand, soportar operaciones de procesamiento de datos extremadamente innovadoras.

Las compañías como Microsoft, IBM, Amazon y Google deberán someterse a un gran cambio, ya que ahora tendrán más responsabilidades como compañías de tecnología que analizan y almacenan datos. Muchos proveedores de servicios en la nube subcontratan el trabajo a subcontratistas, lo que dificultará el cumplimiento del “derecho al olvido”.

El portavoz de la Comisión no coincide con esta visión. Más bien al contrario. “Las nuevas reglas de protección de datos eliminarán todas las obligaciones de notificación y los costos asociados a las normativas nacionales. El objetivo de la GDPR es eliminar los obstáculos al comercio transfronterizo”, defiende.

Pero, de nuevo, el comentario público destila algo más que respeto por estas regulaciones. Por ejemplo, en Facebook aseguran no solo “respetar todas las leyes europeas de protección de datos relevantes” sino que “apoyamos una regulación consistente de protección de datos en toda Europa. La GDPR presenta una oportunidad para que organizaciones, reguladores y legisladores trabajen juntos en un marco de políticas que priorice a las personas”.

El reglamento general de protección de datos viene a sentar unas reglas armonizadas que son de aplicación directa en todos los estados miembros lo que, según Google en España, “contribuye a aportar una mayor seguridad jurídica en el ámbito europeo y una protección uniforme a los usuarios”.

Su directora de comunicación, Anais Figueras, añade que la GDPR beneficia a todos aquellos agentes que operan en Europa, como las startups europeas “que están pensando en crecer fuera de sus países la complejidad que les supone tener que cumplir con 28 legislaciones distintas. El Reglamento contribuye a la simplificación de esta tarea”.

El objetivo es recaudar más impuestos

Pero, además, la Comisión Europea, impulsada por Francia y Alemania, está buscando maneras de captar una mayor cantidad de impuestos de las empresas, especialmente aquellas que declaran sus ganancias en estados con bajos impuestos.

Patrick McCullough, responsable de prensa de impuestos de la UE, explica que en septiembre se lanzó una nueva agenda de la UE “para garantizar que la economía digital se grava de manera justa y favorable al crecimiento”. En esta declaración se exponen los desafíos a los que los Estados miembros se enfrentan a la hora de actuar en este tema. También se describen posibles soluciones a explorar antes de una propuesta de la Comisión a principios de 2018. “Todo nuestro trabajo descansa en el principio simple de que todas las empresas, grandes y pequeñas, deben pagar impuestos donde obtienen sus ganancias”, añade McCullough.

Sin embargo, la Cámara de Comercio estadounidense en Europa (AmCham UE) advierte que los planes de la UE de recaudar más impuestos de gigantes tecnológicos como Google, Facebook y Amazon dañarán el crecimiento económico del continente y podrían llevar a un colapso en la cooperación con los Estados Unidos en la reforma fiscal mundial.

Es más, este organismo afirma estar preocupado “por las recientes propuestas de la Comisión Europea y algunos Estados miembros de introducir nuevas medidas para gravar las actividades digitales”, añadiendo que eso haría a Europa menos atractivo para los inversionistas.

Cabe señalar que las posibles reformas incluyen gravar a las empresas en función de sus ingresos en lugar de sus ganancias, permitiendo a las autoridades nacionales gravar los pagos realizados por los consumidores a las empresas digitales, y permitiendo que los países graven los ingresos generados por la publicidad de las compañías de Internet.

Primeros movimientos

Sea como fuere, lo cierto es que los primeros movimientos como reacción a estas políticas ya se están produciendo. Por ejemplo, Facebook decidió pasar a una estructura de venta local en los países donde tienen una oficina. Es decir, que los ingresos publicitarios ya no se declararan en Irlanda, sino en cada oficina local.

¿La justificación a esta medida? “Creemos que pasar a una estructura de venta local proporcionará más transparencia a los gobiernos y los responsables de la formulación de políticas en todo el mundo que han pedido una mayor visibilidad sobre los ingresos asociados con las ventas con respaldo local en sus países”, señala Facebook.

Opción parecida tomó Microsoft. El 7 de septiembre de 2017, la compañía anunciaba que a partir de principios de 2018, las filiales de 12  países venderán productos y servicios directamente, por lo que todos los ingresos de estas ventas se reportarán localmente. “Este cambio nos va a permitir trabajar de acuerdo a las preferencias de clientes y socios, que podrán contratar localmente con Microsoft”, justifica la corporación.

Actuar mundialmente, ¿pensar localmente?

Pero AmCham UE insiste en que estas iniciativas han sido publicadas por Bruselas sin ninguna evaluación del impacto y que “podrían dañar la competitividad de la UE y poner en peligro los esfuerzos internacionales para abordar cuestiones fiscales si no están sujetas a una multilateralidad muy amplia”.

En una declaración pública, asegura que la propuesta de algunos estados miembros de imponer impuestos sobre el volumen de negocio “puede reducir sustancialmente la cantidad de ganancias disponibles para la inversión y la reinversión, con un efecto negativo en el empleo y el crecimiento”. Lamenta, además, que esta decisión vaya a penalizar a las startups, compañías de bajo margen y compañías que generan pérdidas porque no buscan gravar el valor creado.

Una visión con la que parece coincidir Google, ya que su directora de comunicación subraya que “siempre hemos reiterado públicamente la necesidad de que la legislación entorno al impuesto de sociedades que pagan las multinacionales sea más sencilla, uniforme y transparente para todos y que el marco de la OCDE es el idóneo para llevar esto acabo”.

Estos planes están dando aún más motivos a los críticos, que argumentan que la Unión Europea ataca injustamente al sector tecnológico de los Estados Unidos. Europa, evidentemente, lo niega.

“Sabemos que algunas personas querrían cambiar el sistema fiscal para que los impuestos de las multinacionales se repartieran de manera diferente en los países en los que operan, y sabemos que personas igualmente razonables pueden tener puntos de vista distintos sobre cómo debería aplicarse esto en el futuro”, señala Apple en un comunicado público sobre la materia. “En Apple cumplimos la ley, y si el sistema cambia lo acataremos. Apoyamos firmemente los esfuerzos de la comunidad mundial por una reforma completa de la fiscalidad internacional y por un sistema mucho más sencillo, y seguiremos defendiendo estos objetivos”.

Todo por decidir

De momento, la propuesta en materia de impuestos no deja de ser eso: una propuesta. Es cierto que cuenta con el respaldo de pesos pesados en la Unión, pero aún no está claro si este esfuerzo de la Comisión Europea, el brazo ejecutivo de la Unión Europea, ganará la partida.

Cabe recordar que cualquier reforma de ese tipo requeriría la aprobación unánime de los 28 estados miembros del bloque. Varios países importantes como Francia han presionado para que se tomen medidas enérgicas, pero otros no quieren cambiar un sistema en el que algunos de ellos puedan atraer a las empresas con incentivos fiscales, entre otros.

De las 50 empresas tecnológicas mundiales sólo cuatro son de la UE: tenemos un problema

Entre las 15 marcas de empresas tecnológicas más importantes en el mundo, gran parte de ellas son o estadounidenses o chinas y ninguna es europea. Si extendemos esta lista a las 50 marcas tecnológicas más importantes, sólo cuatro de ellas quedarían ubicadas en la Unión Europea.

Entre las 50 marcas tecnológicas, Europa sólo ha posicionado a la alemana SAP, la holandesa Philips, la sueca Ericsson y la finlandesa Nokia. Esto implica que Europa se está perdiendo, por completo, la revolución tecnológica que se nos viene encima, sin tener empresas ampliamente posicionadas ante la nueva realidad.

Los datos invitan a pensar que Europa en un terreno poco fértil para la proliferación de negocios tecnológicos con capacidad de desarrollarse como grandes marcas y convertirse en multinacionales del sector. El caso contrario ocurre en Estados Unidos que acaparan gran parte de la lista de los 50 empresas mundiales tecnológicas.

La Unión Europea está fracasando en la era tecnológica

Nos encontramos con que tanto Estados Unidos como los principales estados miembros que forman la Unión Europea son bloques económicos desarrollados cuyas infraestructuras y mercados financieros se han consolidado en las últimas décadas, lo que debería repercutir en la proliferación del entorno empresarial al mismo nivel.

Es importante para cualquier bloque económico disponer de infraestructuras de calidad y mercados financieros desarrollados para financiar el proceso de inversión en nuevos proyectos empresariales al menor coste posible tanto en recursos como en tiempo.

Sin embargo, existen grandes diferencias en los resultados empresariales entre Estados Unidos y Europa. De las 73 empresas que superan los 100.000 millones de dólares en el mundo, 44 empresas son estadounidenses o lo que es lo mismo el 60%, mientras que la Unión Europea debe conformarse con 16 empresas, o lo que es lo mismo el 22% del total.

Estados Unidos tiene posicionadas prácticamente el triple de empresas que la Unión Europea con una capitalización de más de 100.000 millones de dólares. Esta realidad está fomentada por el problema de una estricta regulación que dificulta que este tipo de empresas puedan crecer y competir al mismo nivel que lo puedan hacer Apple o bien Alphabet, empresa matriz de Google.

En vez de crear un marco regulatorio competitivo para el crecimiento empresarial, Europa se ha especializado en el proceso de sancionar a las empresas estadounidenses. Desde Europa se percibe esta era tecnológica como una amenaza a “nuestras empresas” y no como una oportunidad.


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