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Robert Skidelsky: “Creo que deberíamos bajar el ritmo de automatización del trabajo”

Infonews

  • El economista británico dice que se debe reducir la velocidad de los cambios tecnológicos que podrían destruir empleos y moderar el ritmo de consumo.

Ginebra, Suiza. 1 mayo, 2017. Está convencido de que debe haber políticas activas, tanto para reducir la velocidad de los cambios tecnológicos que podrían destruir empleos como para moderar los niveles de consumo en la sociedad. El economista británico Robert Skidelsky cree que en el hecho de ser insaciables con los bienes materiales reside hoy parte del malestar de algunas personas, y que esa insatisfacción lleva a trabajar más y más para que los ingresos llenen “necesidades artificiales”. Claro que, al margen de esa realidad, hay otras como la de la pobreza y la precariedad laboral, y a la hora de hablar sobre cómo imagina el futuro, el académico considera que habrá más trabajadores forzados a aceptar empleos por los que se pagará muy poco. Esa es una de las razones por las que defiende la propuesta de un ingreso universal a cargo de los Estados.

Profesor emérito de Economía Política en la Universidad de Warwick (Reino Unido), Skidelsky es autor de una premiada biografía de John Maynard Keynes, uno de los economistas más influyentes del siglo XX, escrita en tres volúmenes en las décadas del 80 y el 90.

El economista fue el encargado de disertar en la apertura del simposio convocado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre “El futuro del trabajo que queremos“, una actividad en la que se invitó a analizar qué hacer frente a los riesgos que atraviesa el mercado laboral.

ILO - El Trabajo Que Queremos
El futuro del trabajo que queremos: un diálogo global, Sede de la OIT en Ginebra, 6 y 7 de abril de 2017.

Según Skidelsky no hay solución para resolver las tensiones entre la necesidad de más empleos y el desafío de moderar los niveles de consumo que hoy se promueven. El sistema productivo se encarga de crear cada vez más consumidores, se supone que en respuesta a una demanda cada vez mayor. Pero la producción tiene que ver con una cantidad determinada de recursos y entonces hay una contradicción: no se puede seguir aumentando el consumo sin límites, porque entonces te das contra los límites planetarios, y eso lo vemos en los riesgos climáticos. La pregunta es si esa demanda de más bienes de consumo es natural, si como raza humana somos inherentemente insaciables, o si la demanda fue construida artificialmente por la industria y la publicidad. La teoría económica enseña que los consumidores son soberanos, pero en realidad los soberanos son los productores.

Gran parte de esa mayor necesidad del consumidor es artificial, como la de tener el último modelo de un producto electrónico que mejora muy poco el servicio. Algunas innovaciones han ayudado en verdad a mejorar la calidad de vida, pero hay necesidades más regidas por la envidia: quiero lo que tu tienes y tenerlo me va a hacer feliz…, por cinco minutos.

La mayor conciencia por el cuidado del ambiente está contribuyendo a moderar el consumo, y está influyendo en cada vez más gente, pero la máquina de publicidad es demasiado fuerte. El riesgo ambiental es algo bastante abstracto y el sentir la falta de bienes es algo inmediato. Tendemos a no prestarle atención al futuro y a exagerar las necesidades de satisfacción presentes.

¿Pero no es necesario que exista esa insatisfacción para que haya más producción y, por tanto, más fuentes de trabajo?

Sí, hasta el momento es así. La creación de empleos ha dependido de la construcción artificial del descontento.

¿Y qué pasará en el futuro?

Por un lado habrá que ver cuántos de nuestros bienes de consumo podrán ser hechos por máquinas y no por trabajadores. Y por el otro hay esperanzas en que se puedan generar muchos empleos en el área del cuidado de los mayores, dado el envejecimiento de la población. A medida que llegamos a una meseta del consumo, el empleo puede volcarse al cuidado de personas, a la salud y a la educación. La esperanza está en que el incremento de la longevidad vaya más rápido que la tecnología.

¿Es realista pensar en jornadas laborales reducidas para que más personas puedan trabajar?

¿Por qué no? El problema es que siempre queremos más y entonces hay que trabajar más. A grandes rasgos, el trabajo se ha vuelto menos pesado y se trabaja menos que en otras épocas de la historia. El peak de tiempo laboral fue a mitad del siglo XIX. Creo que hay tres razones posibles: el trabajo se volvió más placentero, hay insaciabilidad con los bienes y se buscan más ingresos, y la mayoría de la gente no controla las condiciones bajo las cuales trabaja. Además hubo un gran crecimiento de la desigualdad de ingresos.

Con respecto a lo que ocurrirá con esa desigualdad, ¿es optimista o pesimista?

Se puede hacer algo al respecto, depende de la voluntad y de las políticas de los países. El Estado puede definir una política impositiva en relación con la automatización del trabajo [Skildesky propuso encarecer fiscalmente la tecnificación para reducir la velocidad de los avances] o establecer las horas máximas de trabajo, como ocurrió en Francia.

¿Cree que su idea de impuestos a la automatización podría ser aceptada?

La lógica es buena. Creo que tenemos que hacer más lento el proceso de automatización y darle a la gente tiempo para adaptarse. Una de las formas es lograr que el uso de robots sea más caro que el empleo de seres humanos. Es difícil implementarlo, pero yo apuntaría a reducir la velocidad de automatización.

¿Qué pensaría hoy Keynes? ¿Estaría de acuerdo con ese objetivo?

Keynes escribió el tratado sobre las posibilidades económicas para los nietos de su generación. Al referirse a eso, en 1930, en Madrid, dijo que 100 años después íbamos a estar trabajando 15 horas por semana. Él lo veía como algo liberador, porque no tendríamos que pasar tanto tiempo trabajando para ganarnos el pan. Si hoy estaría de acuerdo con bajar el ritmo de automatización no lo sé, no estoy seguro, pero él era un hombre siempre actualizado y si viviera tendría un punto de vista diferente.

¿Cómo imagina el mercado laboral de acá a 10 o 20 años?

En problemas. Con más desempleo, con crisis, con políticas populistas y mayor inseguridad laboral, y con gente empujada a aceptar trabajos que pagan muy poco. Los gobiernos tienen que intervenir para mejorar la posibilidad de inserción de los jóvenes.

¿Tiene alguna proyección en particular para América latina?

América latina es cíclica. Es muy difícil de predecir.


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