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“¿Qué se juega Chile en el conflicto La Escondida?”

Comunicaciones

eConsult - Gonzalo Sanhueza
Por Gonzalo Sanhueza, socio de Econsult RS Capital y director de empresas.

Santiago, Chile. 6 marzo, 2017. Esta semana se vivió un nuevo capítulo en el conflicto entre la minera Escondida y sus trabajadores, quienes con barricadas bloquearon la ruta 5 norte en el acceso a Antofagasta. Este nuevo episodio preocupa, y bastante, no sólo por la violencia con la que actuaron en esta oportunidad los trabajadores sino que también por lo que está en juego en esta negociación.

En efecto, según la Comisión Chilena del Cobre, la inversión proyectada para la gran minería chilena en los próximos diez años (2016-2025) alcanza cerca de US$ 50.000 millones, un 36% por debajo de lo proyectado en 2015. Esta inversión, sin embargo, podría no llegar a concretarse si es que no se alinean correctamente los intereses de los sectores relevantes y sólo se privilegia el bienestar de algunos pocos.

En simple la materialización de esta inversión va a depender de la rentabilidad esperada que tengan estos proyectos, la que a su vez va a depender de los costos de los factores productivos y de la productividad.

Por el lado de los costos, el escenario no es muy auspicioso con una materia prima que si bien es muy abundante, ha disminuido su calidad significativamente en los últimos años. Por otra parte, el costo de algunos insumos estratégicos críticos, como por ejemplo los combustibles y la energía, si bien han registrado una caída en sus precios en el último tiempo, siguen siendo altos en comparación con el resto de los principales países mineros del mundo.

Por el lado de la productividad, en tanto, el escenario no es mejor. Un estudio preliminar sobre productividad en la gran minería del cobre en Chile realizado por la Comisión Nacional de Productividad indica que la productividad total de los factores en el sector minero, corregida por el deterioro de la ley en los yacimientos, ha caído del orden de 17% entre los años 2000 y 2014. Esto significa que, con la misma capacidad y calidad de los yacimientos, si en el año 2000 se producían 100 toneladas de cobre hoy día sólo se producen 83 toneladas. Una de las principales explicaciones detrás de esta caída se relaciona con la productividad laboral que ha caído de manera persistente en los últimos años, y que es considerablemente menor a la exhibida por el resto de los países mineros. En efecto, el mismo estudio indica que en las principales faenas internacionales de alta productividad los trabajadores mueven en promedio 82.000 toneladas por trabajador, mientras que en una faena nacional mueven en promedio 39.000 toneladas.

En este contexto, cuesta entender las demandas y la actitud adoptada por los trabajadores paralizados quienes exigen mejores condiciones, cuando sus salarios se encuentra en niveles similares a los del resto de las principales potencias mineras, en torno a 4,5 millones mensuales, mientras que su productividad llega a sólo la mitad.

Así, lo que está en juego en la huelga de la Escondida no es la transferencia de riqueza entre la empresa y sus trabajadores, sino el futuro de la minería chilena y de nuestra economía. Si los costos productivos de la minería no se ajustan a la realidad de una baja competitividad de la industria nacional, la inversión en el sector no se materializará y la producción minera no sólo seguirá prácticamente estancada, como lo ha estado en la última década, sino que irá en franca caída.


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