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Las 8 personas más ricas acumulan lo mismo que la mitad mas pobre

Negocios

  • El patrimonio de US$ 426.000 millones de Bill Gates, Amancio Ortega, Warren Buffett, Carlos Slim, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Larry Ellison y Michael Bloomberg iguala ingresos de 3.600 millones de habitantes de menores recursos.
  • La súper concentración de capitales se ha agudizado en 2016, según el informe de Oxfam ‘Una economía para el 99%’

Davos, Suiza. 16 enero, 2017. El crecimiento económico solo está beneficiando a los que más tienen. La súper concentración de riqueza se ha agudizado en el último año, amenazando la estabilidad y el crecimiento mundial. Ocho personas concentran en sus manos el equivalente a la riqueza de otros 3.600 millones, la mitad más pobre de la población mundial, según denuncia Oxfam en el informe Una economía para el 99%.

La organización achaca la responsabilidad de esta situación, que califica de «extrema, insostenible e injusta», al modelo económico actual, «al servicio del 1% más rico de la población». Entre 1988 y 2011, los ingresos del 10% más pobre de la población mundial crecieron en apenas US$ 3, mientras que los del 10% más rico subieron 182 veces más. Se calcula que hoy siete de cada 10 personas viven en un país en el que la desigualdad de renta aumentó en los últimos 30 años.

los 8 mas ricos

El panorama es igual de desolador en todas las regiones del planeta. En Vietnam, por ejemplo, el hombre más rico del país gana en un día más que la persona más pobre en 10 años. En Estados Unidos, según un estudio del economista Thomas Piketty, los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300%. La suma de los salarios anuales de 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh equivale al sueldo del director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100, según cálculos de Ergon Associates.

En particular, Oxfam apunta a las grandes empresas, acusadas de estar “al servicio de los más ricos” y de guiarse por un único objetivo: maximizar la rentabilidad de accionistas e inversionistas. En 2015, las diez mayores compañías del mundo obtuvieron una facturación superior al total de los ingresos públicos de 180 países. Sin embargo, este crecimiento no se distribuyó entre todas las capas de la sociedad.

El salario del trabajador o del productor medio apenas ha aumentado en los últimos años o incluso se ha reducido. En la India, por ejemplo, el director general de la principal empresa tecnológica del país gana 416 veces más que un trabajador medio del grupo. Para ahorrar en costos empresariales, algunas compañías incluso recurren al trabajo forzado o en condiciones de esclavitud. Las mujeres y las niñas son explotadas en las condiciones más precarias y representan la categoría peor remunerada.

Entre las estrategias para tributar lo menos posible, el informe denuncia el uso de paraísos fiscales, una práctica que causa pérdidas anuales de al menos US$ 100.000 millones para los países en desarrollo. En Kenia, por ejemplo, las exenciones fiscales generan pérdidas anuales de US$ 1.100 millones, una cifra que duplica la inversión en salud en un país caracterizado por una elevada probabilidad de que las madres mueran durante el parto. Sin embargo, también es cierto que los impuestos en la mayoría de los países desarrollados son altísimos, lo que incentiva la búsqueda de alternativas. ¿Por qué pagaría 50% de impuesto si puedo pagar 20%?

Oxfam denuncia que las empresas utilizan su poder para garantizar que tanto la legislación como la elaboración de políticas nacionales e internacionales se diseñen a su medida, para proteger sus intereses y mejorar su rentabilidad, como demuestran, por ejemplo, los privilegios fiscales logrados por las petroleras en Nigeria. Este tipo de «capitalismo clientelar y cortoplacista», además, coloca en una situación de desventaja a las pequeñas y medianas empresas, incapaces de hacer frente a las grandes corporaciones. Otro ejemplo es Intel, que obtuvo condiciones especiales del gobierno de Costa Rica para instalar su fábrica de chips en el país centroamericano.

Oxfam analiza también las riquezas de 1.810 millonarios incluidos en la lista Forbes 2016, un 89% de los cuales son hombres. En el conjunto, poseen US$ 6,5 billones, la misma riqueza que el 70% de la población más pobre de la humanidad. Una tercera parte de este patrimonio tiene su origen en la riqueza heredada, mientras que el 43% está vinculado a relaciones clientelares. Esta riqueza crece en un promedio del 11% anual desde 2009, una tasa muy por encima a la de un ahorrador medio. «Los súper ricos no son solo receptores pasivos de la creciente concentración de riqueza, sino que contribuyen activamente a perpetuarla», subraya el informe, por ejemplo a través de sus inversiones. Los más poderosos de la sociedad controlan la mayoría de las acciones, lo que les convierte en los principales beneficiados del modelo empresarial actual, generando un efecto multiplicador de riqueza para los ya súper ricos.

En 2015, la desigualdad se disparó en América Latina y el Caribe: 7 millones de personas cayeron en la pobreza y 5 millones pasaron a la indigencia.

De seguir la concentración de la riqueza a este ritmo, en 25 años se tendría el primer «billonario» del mundo, que para acabar con su fortuna necesitaría gastar US$ 1 millón al día durante 2.738 años.

El estudio de Oxfam estima en US$ 14.000 millones al año las pérdidas para Africa derivadas del uso de paraísos fiscales por parte de los millonarios. La organización calcula que esta cantidad sería suficiente para garantizar la atención sanitaria y salvar la vida de 4 millones de niños y niñas al año o para permitir la escolarización a lo largo del continente. Esa seria una forma de mirar el vaso medio vacío. Otra, el vaso medio lleno podría ser tomar esos US$ 14.000 millones y reinvertirlos en las empresas para que sean mas productivas, aumentado el PIB de los países y bajando el desempleo. La pregunta al final del día evidentemente es, ¿a quien le damos el poder, a los gobiernos o a las empresas? Los gobiernos al subir los impuestos, asfixian a la sociedad, terminado por destruirla. Hoy nos basta con mirar a Venezuela, y ejemplos como este sobran.

El modelo económico de contar con paraísos fiscales, sostiene el informe, se basa en una serie de falsas premisas, entre las que se encuentra la idea de que la riqueza individual extrema no es perjudicial, sino síntoma de éxito, o que el crecimiento del PIB debe ser el principal objetivo de la elaboración de las políticas. Las premisas equivocadas incluyen creer que los recursos del planeta son ilimitados o que el modelo económico actual es neutral desde el punto de vista del género. La organización advierte de que, si no se controlan estas premisas, será imposible revertir la situación y aboga por la construcción de una «economía más humana», que beneficie al conjunto de la población. [¿Una economía mundial?]. Este nuevo sistema tendría que basarse en la cooperación entre los Gobiernos, privilegiar el uso de las energías renovables, acabar con la concentración extrema de la riqueza y respaldar tanto a hombres como a mujeres.

El informe se presentó en la vigilia de la inauguración del Foro Económico Mundial, en la ciudad suiza de Davos y que la semana pasada ya había alertado de que la desigualdad económica, la polarización social y los crecientes peligros medioambientales serán los riesgos principales del mundo en los próximos diez años.

El Foro destacó en varias ocasiones la grave amenaza que supone el incremento de la desigualdad económica para la estabilidad social, pero, pese a que los líderes mundiales se comprometieran a intervenir, la brecha entre los más ricos y los más pobres no ha parado de crecer. Distintos estudios de Oxfam demuestran que en los últimos 25 años el 1% más rico ha obtenido más ingresos que el 50% más pobre de la población en su conjunto.

«Si el crecimiento económico entre 1990 y 2010 hubiese beneficiado a los más vulnerables, en la actualidad habría 700 millones de personas menos, en su mayoría mujeres, en situación de pobreza», recalca el informe. Si no se revierte esta tendencia, informa Oxfam, las sociedades podrían pagarlo con un incremento de la delincuencia y la inseguridad, al mismo tiempo que la lucha contra la pobreza podría verse socavada.


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