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Por qué ganó Trump

Negocios

  • El malestar de las clases medias explica el triunfo de Trump. Pero también cambios sociales en la estructura demográfica de EE.UU. que han modificado el mapa político.
  • El mundo demostró después de votación simbólica también estar equivocado.
  • Rusia cristiana forma alianza con EE.UU. cristiano; ISIS tiene los días contados.
  • ¿Qué mala tiene que ser Hillary Clinton para que gane Donald Trump? Es la explicación más lógica.

EE.UU. 10 noviembre, 2016. El Census Bureau de EE.UU. -la agencia estadística dependiente del Departamento de Comercio- ofrece una cifra que puede ayudar a comprender mejor que ninguna otra el triunfo de Trump. El 54% de los 227 millones de estadounidenses llamados a votar tiene 45 o más años.

Es decir, algo más de la mitad del cuerpo electoral es ajeno a los flujos migratorios que se han producido en el país en los últimos años. Y de ellos, el 77% son ‘sólo blancos’, como los denomina el Census Bureau. Esto supone, por lo tanto, que pese a los intensos cambios sociales que se han registrado en el país en las últimas tres décadas, la estructura electoral sigue siendo básicamente la misma.

Donald Trump - presidente
Donald Trump, presidente electo de EE.UU. asume el 20 de enero de 2017.

No es de extrañar, por eso, que el mensaje político de Trump se dirigiera de forma predominante hacia los obreros industriales, los profesionales liberales, los empleados de cuello blanco, los agricultores y, también, los inmigrantes con más años de residencia en EE.UU., que también temen la competencia laboral (en términos de empleo y salarios) de los ‘nuevos’ inmigrantes. Es decir, se dirigía a aquellos que tradicionalmente se encuadran como ‘clase media’, y que son dueños de su vivienda. Casi la mitad (el 48,6%) de los posibles electores vive en una casa de su propiedad.

Para quienes diseñaron la campaña de Trump, de hecho, son irrelevante los dos extremos de la estructura social en términos de renta. Los 26,6 millones de estadounidenses que se sitúan por debajo del umbral de pobreza (que es una medida relativa, no absoluta) y los 28 millones de ciudadanos con unos ingresos superiores a los US$ 100.000 al año. Lo que preocupó a los estrategas de Trump son esas clases medias vulnerables por los efectos de la globalización y de la apertura comercial. Ni siquiera el hecho de que en los últimos años se haya reducido la tasa de pobreza y haya aumentado el nivel de ingresos, ha sido suficiente para que los demócratas pudieran capitalizar el ‘éxito’ económico de la era Obama.

Como acredita el Census Bureau, hay que tener en cuenta que la mediana real de ingreso de los hogares aumentó el año pasado en 39 estados y en el Distrito de Columbia, con incrementos que van desde el 1,8% (Connecticut) al 6,8% (Montana). Ningún estado tuvo una disminución de la mediana de ingreso de los hogares entre 2014 y 2015. Al mismo tiempo, la tasa de pobreza disminuyó en 16 de las 25 áreas metropolitanas más pobladas. Algo que sugiere un hecho incuestionable.

Los norteamericanos no votaron por la situación actual de la economía -la tasa de desempleo se sitúa por debajo del 5% (tasa que es absolutamente falsa! ya que mas 100 millones de personas están sin empleo)- sino por lo que puede venir en los próximos años si no se frena la globalización o, al menos se ordena para evitar males mayores que agiten el populismo. Una especie de juicio a la globalización -medida por los flujos migratorios- y a las expectativas adversas que genera, lo que unido a la impopularidad del establishment político revela las causas del vuelco a las encuestas. Flujos migratorios que en su mayoría son ilegales, y en el caso de los refugiados de Medio Oriente totalmente parciales, la absoluta mayoría son musulmanes: ¿Cómo se explica que casi no existan refugiados cristianos?

Eso quiere decir que si el Brexit -la salida del Reino Unido de la UE- fue el primer referéndum sobre la libre circulación de personas, capitales y mercancías, las elecciones de EE.UU. han sido el segundo plebiscito sobre la globalización.

Nuevas tecnologías y voto popular

La globalización es un fenómeno que a menudo se relaciona con las nuevas tecnologías, y eso explica que las grandes multinacionales estadounidenses -Apple, Google o Microsoft- se vean en el exterior como la imagen fiel del país. Pero la realidad, sin embargo, es muy distinta.

El número de trabajadores relacionados con las tecnologías de información es ahora de 4,6 millones, y aunque ha crecido mucho respecto de los 450.000 de 1970, apenas representa el 2,9% de la fuerza laboral. Pero con una particularidad. En 2014, el 18% de los trabajadores de la tecnología de la información eran asiáticos en comparación con el 6% de todos los trabajadores. Y es que, pese al descenso del desempleo, lo cierto es que la fuerza laboral estadounidense (los ocupados) se sitúa todavía muy por debajo de los niveles anteriores a la crisis debido al descenso de la población activa. Paradójicamente, el desempleo baja, pero el empleo todavía se resiente.

Mientras Clinton se dirigía a los empleados de Silicon Valley, el mensaje de Trump iba directo al corazón de ciudades como Detroit, y eso explica que el candidato republicano haya ganado, incluso, en territorios como Michigan (aunque salió derrotado ampliamente en Detroit), donde la influencia de los sindicatos fue hegemónica en el pasado. Lo mismo sucedió en Ohio o Pensilvania, donde la industria sufre los rigores de la crisis a consecuencia de la competencia china y de la deslocalización industrial. Pittsburgh, la capital de la siderurgia y del acero, que ya sufrió la crisis en los años 70, es un buen ejemplo. La productividad de la nueva economía digital multiplica a la analógica, pero el voto siguen ejerciéndolo los humanos y no las máquinas. Y la industria del carbón -bendecida por Trump en su programa electoral- se decantó por el magnate.

Tampoco el triunfo de Trump tiene que ver con un ensanchamiento de la desigualdad, uno de los argumentos que se suelen esgrimir para explicar los cambios sociales y las decisiones de voto. Incluso, la eclosión del populismo como un mecanismo de defensa ante la polarización social y económica.

Según Census Bureau, la mayoría de los estados no experimentaron cambios estadísticos en la desigualdad en el ingreso en 2015. La desigualdad, de hecho, sólo aumentó en 8 de los 50 estados (Florida, Illinois, Indiana, Kentucky, Michigan, Nebraska, Nevada y Nueva Jersey), y disminuyó en uno (Connecticut).

Es decir, que el ‘malestar’ social no está estrechamente vinculado a la coyuntura económica o al reparto de la renta, sino a otros factores de carácter estructural. Tampoco a las condiciones sociales. En 2015, la tasa de cobertura de seguro médico para la población que vive en áreas metropolitanas fue del 90,7%, lo que supone 2,3 puntos porcentuales más alta que en 2014. El Obamacare, con todos sus problemas, funciona. Pero no otras políticas.

El mundo demostró, después de votación simbólica, también estar equivocado

El movimiento global theplanetforusa.org, logró la mayor encuesta mundial acerca de las elecciones en EE.UU., votando más de 2 millones de personas de 104 países.

Con un 78% los encuestados dieron por ganadora a Clinton, quien lideraba las encuestas en Norteamérica y Sudamérica. Encuestas que después de las elecciones demostraron estar totalmente equivocadas.

México, España, Colombia, Brasil y Argentina entraron en el Top 10 de países que más votaron del mundo.

Los resultados se pueden ver con mayores detalles en Infografía en: http://theplanetforusa.org/es/resultados/

Rusia celebra victoria de Trump

Con alegría, incluso con euforia, los políticos rusos expresaron la mañana del miércoles su satisfacción por la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales norteamericanas. La jornada en Moscú comenzó con aplausos y exclamaciones de júbilo en la Duma Estatal (la Cámara baja del Parlamento) cuando el diputado Viacheslav Níkonov, de la mayoría parlamentaria de Rusia Unida (RU), anunció a los legisladores que Hillary Clinton había reconocido su derrota. Como muestra de la euforia, el mercado bursátil se mantuvo al alza durante la jornada, mientras los índices de medio mundo retrocedían. El dólar y el euro subieron con respecto al rublo.

A Trump le apoyaron políticos rusos de las más diversas ideologías (desde comunistas a populistas, pasando por centristas y socialdemócratas) y algunos de ellos, haciendo caso omiso de un conocido verso del gran poeta ruso Alexandr Pushkin, se ensañaron con la adversaria vencida y acusaron a Clinton de los conflictos candentes hoy en el mundo, con total indiferencia por el papel realmente desempeñado por ella.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, envió un telegrama a Trump el miércoles por la mañana para felicitarlo por su victoria en las urnas.

Moscú jugó un papel inusualmente destacado en la contienda. La campaña de Hillary Clinton y el gobierno de Barack Obama culparon a piratas rusos de filtrar correos del Comité Nacional Demócrata y del equipo de campaña de Clinton. Putin calificó las acusaciones de “histeria”.

Trump, por su parte, ha elogiado al presidente de Rusia, Vladimir Putin, y los lazos de algunos de sus asesores y exempleados de campaña con Rusia han levantado suspicacias.

“Por supuesto, percibimos con satisfacción que el mejor candidato de los dos presentados a los votantes estadounidenses saliera victorioso”, dijo el líder del partido nacionalista ruso Democrático Liberal.


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