Santiago, Chile. 23 agosto, 2010. Tras la crisis del software de los ’80 y la aparición de la programación orientada a objetos, los beneficios de la arquitectura orientada a servicios, SOA (Service Oriented Architecture) son indiscutibles. Entre ellos, el mejoramiento del retorno de la inversión, ROI, ya que con SOA se construyen servicios y componentes de software reutilizables, lo que permite a la larga que la construcción de cada aplicación sea más ágil y barata.
Por lo mismo, las compañías debieran adoptar prácticas SOA de manera incremental, desde lo más básico a lo más complejo, según sus necesidades. No obstante, lograr desarrollar soluciones efectivamente reutilizables y flexibles; cambiar la forma de trabajar y administrar; y aplicar para ello estándares de nivel mundial, no es tarea fácil. Es ahí donde se hace indispensable un ente que dirija este cambio al interior de una empresa. Surge así el concepto de SOA Governance, es decir, el gobierno que controla, dirige y evalúa las prácticas de adopción de SOA. Esto implica definir políticas, reglas y prácticas, todo lo necesario, para adoptar esta nueva arquitectura.
SOA Governance define los cambios en la administración del área tecnológica para asegurar que los conceptos y principios de esta arquitectura sean manejados apropiadamente. Esto con el fin de lograr los objetivos de negocio.
Con todo, el gran objetivo de SOA es ser transversal a la organización, generando activos y uniformando el lenguaje en pos del negocio. Sin embrago, no se debe dejar de lado una buena directriz o Governance que defina qué hacer, quién lo hará, de qué manera y cómo se medirá. Sólo así es posible garantizar un proyecto exitoso.








