EE.UU. 27 agosto, 2010. Estadísticas económicas dadas a conocer recientemente confirman lo que muchos ya veían venir: ya es oficial, el trimestre pasado la economía china superó a la japonesa, quitándole el segundo lugar entre las mayores economías del mundo. Algunos predicen que sólo es cuestión de tiempo para que la nación más poblada del mundo llegue a ser también la más próspera, superando a los EE.UU.
El PIB de Japon para el segundo trimestre fue de US$ 1,29 billones, menor a los US$ 1,34 billones de China. Con las actuales tasas de crecimiento, según Goldman Sachs Group Inc. China superará a EE.UU. en el año 2027 como la principal economia del mundo. Hoy EE.UU. alcanza un PIB de US$ 14 billones y China US$ 4,9 billones.
El surgimiento de China -nación pobre de origen agrario que cargaba con una dictadura fuertemente ideológica y que luego se transformara en exportador y fabricante líder del mundo- sólo tomó 3 décadas. Actualmente, la infraestructura, el gobierno y la fuerza laboral de China se encuentran notablemente más desarrollados. Las políticas comerciales del país, el valor de su moneda, la ausencia de estándares laborales y vestigios de una economía centralizada son factores que le otorgan ciertas ventajas estratégicas a corto plazo respecto de sus competidores más liberales con orientación de mercado ubicados en Norteamérica, Asia y Europa. China está en condiciones de operar a una escala impensable en otras latitudes ¿Qué podría salir mal?
Una sola palabra: demografía
Hoy China posee la mayor población del planeta, más de 1.300 millones. El promedio de edad está apenas por sobre los 34 años, algo menos que en los EE.UU. (36,7), mucho menor que en Japón (44,2), pero también significativamente superior a la de las otras economías emergentes como India (26,5) y Brasil (28,6).
Y esas son las buenas noticias. Las malas son que después de 2016 China deberá enfrentar la más pronunciada curva de envejecimiento en la historia del mundo. Para el año 2028 los demógrafos chinos han predicho que la población mayor de 65 años superará a la menor de 15, un número que se encuentra en los cientos de millones. Y a mediados de siglo, la edad promedio en China se elevará por sobre los 50 (se proyecta que la de India seguirá en torno a los 26).
Estas cifras tan espinosas son el producto de la política china de tener un solo hijo, iniciada en 1980 y destinada a mantener la natalidad bajo control. Cumplió su cometido y quizá haya salvado de la inanición a una China en crecimiento. Sin embargo, el “problema 4-2-1” (4 abuelos, 2 padres, 1 hijo), y el creciente desequilibrio entre los géneros, ha dado origen a un problema estructural de envejecimiento de la fuerza de trabajo aun más grave que el de Europa y Japón.
Con una población de cientos de millones de ancianos jubilados que depende de un número cada vez menor de jóvenes trabajadores, China está en una desesperada carrera por enriquecerse antes de envejecer. La vituperada alta tasa de ahorro del país, que está drenado a la economía mundial de la muy necesaria demanda de consumo, se rige parcialmente por el hecho reconocido de que estas tendencias demográficas rápidamente socavarán la capacidad productiva del país.
Ya hemos visto signos de que el rampante sector manufacturero chino está algo falto de mano de obra. Los empleadores han aumentado los salarios y ofrecido incentivos nunca antes vistos para atraer a los trabajadores para que ocupen puestos de trabajo fabriles más productivos. Las escuelas chinas no alcanzan a producir egresados calificados con suficiente rapidez para cubrir los mandos medios y las funciones profesionales.
Asimismo, existe un aspecto cualitativo del dilema demográfico chino. Para ser un país tan emprendedor, no es exactamente muy empresarial, y eso quizá también se deba a la edad.
Incluso ahora, a pesar de que en la fuerza de trabajo hay cientos de millones de jóvenes talentosos y que cuentan con una muy buena educación, China no tiene la personalidad de una sociedad joven, y ello no se debe sólo a un liderazgo maduro y a lo antiguo de la cultura. Las instituciones son centralizadas y ejercen una influencia poderosamente controladora sobre las ideas nuevas y las innovaciones.
Muy diferente al de las democracias de mercado, estridentes y rebeldes, que predominan en lugares como la India, el enfoque del gobierno chino en lo referente a la tecnología aparentemente obedece más al deseo de controlar la diseminación de las ideas que a fomentar la libre creatividad. En su libro publicado en 2008, “Billions of Entrepreneurs” (Billones de Empresarios), Tarun Khanna, profesor de negocios de Harvard, señala que en China “el gobierno es el empresario”. Las grandes inversiones están en manos del estado y mucho emprendimiento nuevo se financia a través de las maquinaciones del opaco sector financiero chino.
La aversión sistémica al riesgo, más característica de las encanecidas sociedades europeas y japonesa que de las jóvenes naciones emergentes, influye e inhibe el impacto del carácter emprendedor. Sin esa chispa, China se verá forzada a competir únicamente con su fuerza manufacturera.
Es necesario que China corra algunos riesgos para conservar el impulso frente a los desafíos demográficos. Sin embargo, y por varias razones, parece renuente a hacerlo. Mientras siga tratando de crecer por la vía no sustentable, más radical será el cambio de rumbo necesario para corregir las cosas. Es totalmente factible que la mayor amenaza en 2025 no sea que China llegue a ser número uno, sino que caiga superada por competidores más jóvenes y dinámicos.








Parece muy tonto el análisis. ¿China superada? Poniendo las estadísticas sobre la mesa, India y Chian empezaron casi en el mismo nivel al mismo tiempo, y China supero a India y literalmente la dejo en otro nivel, siendo países con características similares, por la única diferencia del modelo de desarrollo.
SI bien es cierto el problema de la demografía, los chinos deben estar pensando como resolverlo.
Mientras tanto China sigue pujante y también se ve innovadora en tecnología, al parecer esta apostando fuerte al futuro.
No me extrañaría que siguiera los pasos de Japón, con la diferencia que ese nivel de desarrollo visto en China supondría fácilmente su dominio mundial en algunas décadas.
Hasta ahora nada ha parado a China, siendo que otros países, en lugar de progresar se han estancado o retrocedido.
Mas tiene por que preocuparse países viejos y decadentes como EUA.